
A veces recuerdo cierta etapa de mi vida, en las que adolecía de muchísimas cosas y me jactaba erróneamente de tantas otras, de que tenía convicciones políticas y militaba en un centro de estudiantes. En esos días todo parecía mas fácil, había cierto espíritu anarquista en mi, tenia la energía, el rock & roll e ideales de revolución, creía que podía cambiar el mundo…
Pero vivía chocando contra las paredes y siempre me preguntaba que si al Quijote no lo mato un molino.
Recuerdo que después de cada derrota existía un lugar, un refugio secreto que me devolvía las energías, para poder seguir luchando, ese lugar era en el fondo de una galería comercial en el barrio de Flores, el barrio del “Angel Gris “. En esa galería funcionaba un local dedicado a la música y su dueño tenia la extraña costumbre de pegar poesías, escritos y cuentos cortos en su vidriera, fue así que conocí las letras de Palo Pandolfo,Alejandro Dolina, Andrés Ciro Martínez, Eduardo Galeano, Emir Kusturica y descubrí también a un Cortazar revolucionario (más allá de lo fantástico).
Pero hubo un texto que permaneció mas que todos en la vidriera, un texto inédito de un tal Carlos Solari, cantante del mítico grupo de rock argentino Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, ese texto fue para mí la fuente de la juventud. Estaba extasiado, me maravillaba al contemplar la forma simple, pero violenta de expresar sus ideas, el filo de sus palabras y la concordancia con mis propios ideales. Ese texto se llama “ Cuanto te pagan por izar la bandera? “ (y se puede leer en el siguiente post).
Hoy en día, ya pasados unos cuantos años, el tigre que habitaba en mi, se hizo vegetariano, no pido a gritos que me den la razón pero demuestro mis razones en silencio. Aun me causan gracia ciertas ideas de mi adolescencia, pero mantengo intactos los ánimos de revolución… pero esta vez quiero una revolución distinta, una revolución que incentive el intelecto, una revolución secreta.
Después de muchos años de rodar por el mundo, de ver a muchos creerse el cuento de Piter Pan y querer ser jóvenes eternamente (absurdamente). Yo encontré el secreto de la juventud eterna en las palabras, a pesar de los años que han pasado, aun renuevo mis energías en mis fuentes.

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