Lepidópteros.


Una árbol, un conjunto de formas variadas, la perfecta simetría que describen cada una de sus hojas en contraste con las asimétricas rutas que trazan cada una de las ramas que lo conforman, en busca de luz, en busca de vida.

En una de sus ramas más jóvenes, pues son las más cercanas al tronco, se aloja un capullo buscando la protección adecuada para poder terminar su transformación. Después de un periodo en que sufre grandes cambios metabólicos y morfológicos surge desde el capullo una mariposa, una de las tantas criaturas mágicas que pueblan este mundo.

En sus primeros minutos de vida, intenta asimilar los cambios de su cuerpo, de ser una oruga (un gusano) a tener cuatro alas y seis patas, no debe ser nada fácil sin un equipo de sicólogos.

Después de entender un poco de que se trata el juego, un poco obligada por el viento y otro poco por el hambre, emprende la aventura en busca del delicioso néctar que le proveen las flores. A todo esto, la mariposa, ignora que el tiempo corre en su contra, su vida se apagara en menos de un día. Pero ignorando estas cuestiones desperdicia tiempo, librando batallas en vano contra el viento y reposando de vez en vez para descansar. A veces el destino les concede la oportunidad de conocer el sexo y dejar descendientes, como único testimonio de su paso por el mundo.

Pero nada puede torcer el destino y junto con el atardecer se apaga la vida de la mariposa.

Todo esto sucede en un solo día de vida para un hombre, en una vida entera para una mariposa. ¿Pero cuantos minutos o segundos de vida serán para el árbol?

Tenemos conciencia desde hace un tiempo de la relatividad del tiempo, pero yo me pregunto.

¿El tiempo, tendrá la perfección simétrica de las hojas o la turbia asimetría de las ramas?

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