
Antes de contar los hechos es necesario aclarar que todo esto no es producto de mi imaginación y es preciso describir ciertas causalidades. Yo estaba viviendo en otro país, lejos de mis amigos y familiares, llegue al exilio buscando digerir cierta separación (que de momento era temporal y hoy es definitiva). Al principio se hizo difícil, pero el rodar cotidiano me fue dando un poco mas de aire para salir del pozo. Cambie mi vida citadina por la calma de un pueblo y aunque me causaba un poco de gracia cierta inocencia que caracterizaba a su gente me resultaba agradable.
El tiempo transcurrió y después de varios meses de bajar revoluciones, ya me sentía a gusto con el ritmo de vida, con las nuevas amistades y con las distancias cada vez más grandes.
Pero había un lugar al que todavía no lograba adaptarme, me desvelaba la cama, no conseguía conciliar el sueño. Me resultaba un tanto incomoda la habitación, su gran ventanal por el que se proyectaba la sombra de los árboles desde el patio de la casa, el frió que se tornaba espeso y por las noches el silencio llegaba a asustarme.
Todo esto sucedió una noche de invierno, me había acostado tarde como siempre y por causa del frió, me tape la cabeza con la almohada pero no lograba apagar mi conciencia y me encontraba en la frontera entre el sueño y la vigilia.
Fue entonces, cuando estaba a punto de dormirme, que percibí una presencia extraña en el dormitorio, me destape la cabeza y permanecí en silencio observando cada uno de los rincones desiertos, me levante y encendí las luces, en el patio las sombras del árbol estaban quietas y el silencio dominaba la escena. Decidí entonces reanudar mis intentos de sueño, volví a taparme la cabeza con la almohada ya que el frió dolía en la piel, pasaron unos largos minutos hasta que me invadió otra ves la idea de que alguien me observaba, pero esta vez mis sospechas se confirmaron cuando escuche un murmullo dentro del dormitorio. Me invadió el pánico y no me anime a destapar la cabeza. Fue entonces que el murmullo se transformo en voz y escuche con claridad que una niña se preguntaba -¿Ya es hora?
Ahora el frió invadía todo mi cuerpo y el miedo me paralizaba, me costo mucho tomar coraje para destapar mi cabeza, pero la voz de la niña se había callado y el silencio me asustaba aun mas. Al levantar mi cabeza descubrí que no estaba solo, en un rincón del dormitorio había una niña que contemplaba sus manos en silencio, quise hablar pero de mi boca no salían las palabras y en ese momento, cuando comenzaba a faltarme el aire, la niña levanto la cabeza y me observo un instante - ¿no es aquí? - pregunto con vos triste, me miro a los ojos y me dijo – perdón – entonces su imagen se desvaneció a través de la pared.
Al despertarme, me encontré parado en living de la casa, mi corazón iba mas rápido que el reloj y me costaba respirar.
Unos meses después reconocí la cara de la niña en un cartel que decía:
“Se busca Ana Paula Graña, desaparecida a la salida de un local bailable de Punta del Este el 23 de diciembre del año

No hay comentarios.:
Publicar un comentario